Los mejores libros que he leído los he encontrado como por casualidad, en alguno de esos días en que vas a comprar libros sin tener una pequeña lista preparada o que entras en una librería de viejo con unos amigos simplemente por matar el tiempo, y, sin darte cuenta, acabas con una gran obra en tus manos, una de esas que te marcan, que te dejan una pequeña herida en el alma para el resto de tu vida. Así fue como encontré Farabeuf o la crónica de un instante de Salvador Elizondo.
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Salvador Elizondo |
Este es uno de esos libros joya aptos solo para quienes aman la letra impresa realmente. Quienes se acerquen a él que no esperen encontrar una trama lineal y bien hilada, que no busquen una historia, porque lo que aquí se van a encontrar es, como su título indica, un instante, analizado y estudiado a lo largo de la obra a través de pequeños fragmentos que se repiten en una espiral para que quienes lo lean puedan hallar (o no) el sentido de todo aquello.
Tiempos, escenarios y acontecimientos se entremezclan en el afán de llevar a cabo esa crónica que Elizondo nos promete en el título. Además, hay múltiples voces y planos narrativos que se interpolan unos con otros rompiendo así con cualquier viso de linealidad que pudiese quedar en la obra. Es, por tanto, una obra difícil de leer. Muy difícil, por lo que no va a gustar a todo el mundo. Pero es que Farabeuf o la crónica de un instante es una obra de arte, una obra de escritura (término utilizado por algunos teóricos) y, por tanto, interesa más la forma que el fondo. Esta pequeña novelita solo es recomendable para quienes amen la palabra, lo sugerente, las imágenes superpuestas, la ruptura con la realidad.
Elizondo juega, además, con un trasfondo histórico, aunque en absoluto lo hace con rigor puesto que cambia algunas fechas e introduce a uno de los personajes principales en un acontecimiento en el que no participa. Este es Louis Hubert Farabeuf (1841-1910) un cirujano, anatomista y profesor de medicina francés. Este personaje es un componente clave en la obra, aunque aparece en gran medida ficcionalizado. Gran importancia tiene también una perturbadora fotografía (real) del suplicio de un magnicida. El suplicio en cuestión se llama leng-tch'é (o de los cien pedazos). La novela gira en torno a dicha imagen y es a través de ella como el dolor y el erotismo aparecen de forma constante en su desarrollo. Verdaderamente, el suplicio posee un gran significado en la obra y mucho simbolismo respecto a su estructura, ya que si la tortura consiste en despedazar a una persona en cien trozos, Elizondo hace lo propio con su novela y la fragmenta, la despedaza, para ofrecernos cada uno de los pedazos desde muy diferentes prismas.
¿Pero existe otro modo de llevar a cabo la crónica de un instante?
Para mí, esta es una obra de relectura, y no sólo me refiero a que después de mucho tiempo merece y debe ser releída, sino que es de esas obras en las que te encuentras fragmentos tan bellos y con tanta fuerza estilística que te ves en la obligación de volver atrás y releer en voz alta, como quien se para a disfrutar de unas buenas vistas.
Farabeuf o la crónica de un instante hace daño cuando la lees, es de ese tipo de obras que te dejan sin aire, que te llevan al éxtasis y te torturan por toda su belleza formal, por romper con la realidad y embargarte en una espiral sin fin de la que jamás podrás liberarte, aun cuando hayas terminado de leerla. Es, sin duda, una muestra más de todas esas novelas hispanoamericanas que han sabido desvincularse de todo lo establecido para hacer otra literatura, para jugar con las formas y atreverse.
No, el suplicio es una forma de escritura. Asistes a la dramatización de un idiograma; aquí se representa un signo y la muerte no es sino un conjunto de líneas que tú, en el olvido, trazaste sobre un vidrio empañado. Hubieras deseado descifrarlo, lo sé. Pero el significado de esa palabra es una emoción incomprensible e indescifrable. Nada más que una sensación a la que las palabras le son insuficientes. Tienes que embriagarte de vacío: estás ante un hecho extremo. Tu cuerpo se queda solo en medio de esta muchedumbre que viene a presenciar el fin de un hombre y solo tú participarás del rito, de la purificación que el testimonio de su sangre realizará en tu mente. Recordarás entonces esa palabra única que has olvidado y de cuyo recuerdo súbito pende la realización de tu vida; conocerás el sentido de un instante dentro del que queda inscrito el significado de tu muerte que es el significado de tu goce.
Farabeuf o la crónica de un instante
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